Reseña del libro «Mi hijo se ha hecho vegano», de Estela Bayarri

Después de tres meses en las redes, abrimos este espacio para poder explayarnos un poquito con reseñas de libros y películas sobre veganismo, más las reflexiones que surjan por el camino. Y tenemos el placer de inaugurarlo con Mi hijo se ha hecho vegano (ver ficha técnica aquí), un libro que ha escrito con sabiduría, ternura y grandes dosis de inteligencia emocional Estela Bayarri.

Contactamos con Estela cuando Veganografía acababa de nacer como proyecto, y gracias a ella dimos los primeros pasos con más ilusión de la que anticipamos. Estela ya derrochaba empatía y bondad en los emails que nos mandábamos, y no podemos sino reiterarlo después de devorar su libro. Beta Editorial nos envío amablemente un ejemplar y aquí dejamos nuestras impresiones. Pero aviso: es una reseña especial. No solo porque es la primera que hacemos, sino más bien porque, como el título del libro exigía, hemos hecho una lectura a dos: mi madre y yo.

Cuando leí el título, fue lo primero que pensé: «Ojalá este libro hubiera existido hace tres años, cuando me hice vegana. Ojalá…». Porque sí, en su momento yo también lo habría necesitado. Os lo resumo.

Cuando me hice vegana

Como muchxs otrxs adolescentes, me hice vegetariana con 16 años. El primer comentario que recibí sobre mi elección (por entonces puramentente dietética) vino de mi endocrina, que por casualidad se enteró en la consulta y me escupió un «déjate de hacer tonterías» con un desprecio que su trabajo debería haberle impedido. Fui una vegetariana intermitente, porque, a diferencia de mi endocrina, la presión social sí hace bien su trabajo. Iba y venía hasta que vi Earthlings (ver docu aquí) por recomendación de una amiga que me invitaba a hacer la conexión. Y de la noche a la mañana, vegana, sin echar de menos el queso pero, eso sí, con algún que otro problema en casa. O vivo en una burbuja, o hace tres años aún muchísima gente no había escuchado nunca la palabra «vega ¿qué?». Explicarlo a mis padres disparó discusiones en la comida que Estela desgrana muy bien: porque «a ver ahora qué cocinamos…», «¿ni siquiera huevos ni leche?» o el mantra de las proteínas y la B12. El veganismo me enseñó muchas cosas: primero a cocinar, después a debatir y, también, a tener paciencia. Mi madre antes me refunfuñaba, pero ahora es uno de mis principales apoyos. Se ha tenido que hacer el camino ella sola, sin la ayuda de Estela, como tantxs otrxs. Pero por fortuna, ahora tenemos un libro que regalar y con el que aligerar el viaje. Así que, sin mayores dilaciones, vamos con él.

Un libro que llena un hueco editorial

Las características físicas del libro nos sorprendieron al recibirlo porque nos recordaba a esos libros de texto del colegio o del instituto que todos hemos cargado. Desde la portada, Mi hijo se ha hecho vegano tiene un toque didáctico, como si te estuviera avisando de qué es lo que vas a encontrar en su interior.

Cuando en su momento incluimos la ficha técnica, fue lo primero que dijimos: es un libro que llena un hueco editorial. Ya tenemos libros infantiles (ver sección) o de pedagogía (ver sección) para que no nos perdamos cuando queramos inculcar una educación antiespecista a nuestrxs hijxs, que dado el mundo en el que vivimos, sigue siendo un gran reto. Pero… ¿quién ha escrito para educar a los padres y madres no veganxs con hijxs que sí lo son? Se le ocurrió a Estela, y la idea fue magnífica.

La estructura del libro está pensada para que primero los padres y madres comprendan a su hijo o hija adolescente, quien ha decidido que haya coherencia y armonía entre sus valores y sus acciones, y después aportar datos nutricionales e ideas para menús completos y saludables. En definitiva, Estela va quitando sustos del cuerpo: ni el veganismo es una ideología extremista, ni ser vegano empobrece las comidas o genera deficiencias nutricionales.

Una de las aportaciones a celebrar es que Estela ha hecho hincapié en el aspecto psicológico. Uno de los capítulos está precisamente destinado al síndrome de burnout: cómo las personas veganas, al estar más expuestas al maltrato animal bien porque nos documentemos o bien porque, cuando ya hay conciencia y desaprendizaje, el especismo lo apreciamos en los actos más nimios y cotidianos, pagamos por ello un precio psicológico. El del conocimiento. Pero aparte de esto, Estela muestra las caras de la presión social: incomprensión, mofa, descrédito, discusiones… son situaciones que eclosionan cuando alguien de la familia, del entorno de amigxs o de trabajo sale del armario verde. La vegefobia existe y los padres y madres tienen que estar al tanto para primero, no convertirse en colaboradores extra y, segundo, defender la integridad moral de sus hijxs veganxs. Las comidas son eventos potencialmente hostiles y el machaque diario al que somete una sociedad carnista desgasta y acaba enervando. A veces es imposible ser modélico en las respuestas, y Estela (¡gracias!) no pierde la oportunidad para remarcarlo:

«Es cierto que a veces los veganos se muestran agresivos cuando defienden su perspectiva. El motivo es que los no veganos también se muestran a la defensiva cuando descubren su estilo de vida.»

Mi hijo se ha hecho vegano, p. 29

Después de explicar qué es el veganismo, y es lo primero que hace, Estela dedica un capítulo a desmenuzar los motivos por los que una persona decide hacerse vegana, y lo hace respaldada de datos y fuentes externas que anima a consultar. Estas páginas, personalmente, me habrían acelerado en su momento el proceso de aceptación. Para algunxs adolescentes, especialmente cuando están empezando a llevar una vida vegana, explicar los motivos puede resultar desalentador. Cuando haces la conexión, las razones te parecen evidentes.

El último bloque es el que quizá más tranquilice a madres y padres: ¿no va a tener carencias una dieta tan «limitada»? Estela tiene la virtud de saber informar sobre datos nutricionales sin abrumar al lector o lectora, que no tiene por qué tener conocimientos previos sobre el tema. Aborda las proteínas, el hierro, el calcio, el omega 3, el yodo, la vitamina D y… por supuesto, la famosa B12, con tablas comparativas y recomendaciones de ingesta diaria.

Si el aspecto nutricional es el que más preocupación suele suscitar a padres y madres, la organización de los menús semanales no se queda corta en cuanto a quitarles el sueño. Por eso Estela ha escrito un maravilloso capítulo donde invita y enseña a veganizar los platos tradicionales. En las páginas 80-81 encontraréis un gráfico con varios sustitutos para cada alimento (queso rallado, leche, huevos, pescado, carne…). Dos páginas que seguramente más de unx haya decidido pegar en el frigo.

Estela comenzaba el libro definiendo qué es el veganismo y lo acaba repitiendo que no es solo una cuestión dietética. Y por ello rescata la explotación animal omnipresente en la moda, cosmética, productos de higiene y la compra-venta de animales, con datos que sorprenderán a padres y madres no veganxs y que sin duda les harán replantearse la necesidad de estar rodeadxs de una crueldad animal que, sin saberlo, financian.

En definitiva, el libro de Estela es innovador en la temática y tremendamente empático en su contenido. Se dirige a padres y madres desde la comprensión de su preocupación, pero descubriéndoles que es infundada y que, realmente, que su hijx se haya hecho veganx es una fantástica noticia no solo para los animales y el medio ambiente, sino también para la propia familia.

Mi hijo se ha hecho vegano es el producto de nuestro más inminente presente: un momento histórico en el que cada vez más jóvenes hacen autocrítica, se muestran a disgusto con el funcionamiento de la industria, que tan poco respeto demuestra hacia la vida, y deciden dejar de participar en un sistema económico tan inhumano. Y precisamente porque son adolescentes y viven bajo el techo de sus madres y padres, estxs últimxs se convierten en un sector demográfico que también requiere información. Primero, para aceptar que no se trata de una racha de críxs, sino de una revolución ética que está ganando terreno en nuestra sociedad y que es independiente de edades. Y además, porque necesitan saber del estigma al que se enfrentan sus hijxs y actuar de modo que no les sean las cosas aún más difíciles. Gracias Estela, por haber identificado esta carencia informativa de un fenómeno de tantísima actualidad y gracias por ayudar a lxs adolescentes a través de cultivar la empatía y comprensión en quienes velan por ellxs.

No quisiera acabar la reseña sin dejaros con unas palabras de mi madre, quien ha leído el libro desde la óptica del lector destinatario ideal.

Cuando mi hija se hizo vegana

Ahora que ya he pasado por todo el proceso, de un recelo inicial a la simpatía por el movimiento vegano, y después de haber leído el libro de Estela, puedo decir que me he sentido identificada desde la primera página hasta la última. Cada frase, cada capítulo, me ha transportado al momento en el que mi hija nos dijo «mamá, papá, me he hecho vegana» y lo que vino después. Estela sabe ponerse en la piel de los padres no veganos y conseguir que empaticen con sus hijos.

Y es que cuando tu hijo te dice que se ha hecho vegano, te está dando la lección de ética que tú no le has enseñado, y deberías haberle enseñado como madre. Nuestros hijos veganos son valientes, asumen el gran reto de ir contracorriente, transforman nuestro pensamiento, mejoran la alimentación en casa y nos abren los ojos ante el horror de la industria.

Mi agradecimiento a todos los veganos que injustamente os enfrentáis día a día a la crítica, a la incomprensión y a la exclusión, cuando el cuestionamiento lo merece la sociedad que, por comodidad, prefiere mirar a otro lado.